Voy a comenzar esta segunda parte hablando del significado de la palabra dieta, personalmente me parece esclarecedor el sentido original que se le otorgó. Proviene del griego diaita  y significaba “modo de vida”, que se derivaba, a su vez, del verbo diaitan “regir uno su propia vida” y “gobernarse”. Años más tarde, el vocablo se fue especializando hacia el concepto de dieta alimenticia actual y que según la Real Academia de la Lengua (RAE) hoy define como: 

  1. Régimen que se manda observar a los enfermos o convalecientes en el comer y beber, y, por extensión, esta comida y bebida. 
  1. Conjunto de sustancias que regularmente se ingieren como alimento. 
  1. Privación completa de comer. 

La lengua castellana está compuesta por definiciones que tienen diferentes significados en función del contexto en el que se encuentren, pero el de dieta en concreto, en algunas ocasiones puede llevarnos a un mal entendido. No quiero ser pedante, ni extenderme en esto, prometo llegar a buen puerto, pero si alguien me dice que está a dieta, ¿se refiere a lo que come generalmente o a lo que está comiendo últimamente porque quiere adelgazar o porque está en enfermo/convaleciente? Fíjate en este ejemplo; Últimamente me siento débil por la dieta que llevo. Yo me pregunto ¿por lo que comes o por lo que no comes? En fin…cosas de la lengua.  

Pasando a lo que nos atañe, intento transmitir lo positivo de asumir que la forma de comer, ejercitarse, cuidarse, organizarse y llevar un estilo de vida que te beneficie, va muy relacionada. Si quieres conservar una alimentación que haga a tus hábitos sólidos y duraderos en el tiempo, debes adaptar esta idea. Es un error creer que vas a hacer el esfuerzo de comer bien durante un determinado tiempo, y te vas a mantener en tu objetivo, lo más frecuente es que vuelvas a lo mismo si no eres constante y aceptas que te debes a tus sanos hábitos diarios.  

Lo primero que te recomiendo es tener la firme voluntad de comer saludablemente, si no estás dispuesto a sacrificarte y modificar lo que te está perjudicando, no lo hagas. Eres dueño de tu cuerpo y de disfrutar de tus hábitos como lo desees. Personalmente pienso que la salud es lo mejor que tenemos y que la enfermedad nos causa frustración y sufrimiento, pero cada uno es libre de hacer con su cuerpo lo que le apetezca, siempre que no dañe a nadie y claro está, teniendo información para elegir lo que es aconsejable y lo que no. Lo segundo comenzar por involucrarte en todo el proceso de tu alimentación. Comienza por hacer la compra, poco a poco, empieza a leer y entender las etiquetas de los alimentos y guíate básicamente en comprar productos que no las lleven (como los alimentos frescos) o que no tengan más de 4-5 ingredientes en su composición, priorizando en que el primer componente sea en gran medida lo que compras. En relación a este apartado recomiendo un libro muy fácil de leer y que es una buena guía en el supermercado, “El jamón de York no existe” de la Dr. Marian García, más conocida por “Boticaria García”. En tercer lugar, conocer las técnicas más saludables a la hora de cocinar nos asegura la absorción del mayor número de nutrientes y el menor aporte de calorías extras y sustancias nocivas. De mayor a menor salubridad destaco cocinar al vapor, hervir, guisar, hornear, hacer a la plancha, al baño maría, en ocasiones sofreír o rehogar, así como, saltear, teniendo en cuenta limitar freír y comer de barbacoa.  

Algo a lo que le doy mucha importancia es a saber priorizar sobre lo que realmente me beneficia. Ahora podrías estar pensando, ya claro, yo no tengo tiempo para hacer la compra, mirar etiquetas, cocinar para cada comida verdura, pasta, fruta, carne, etc…. Yo te digo que sí, al principio puede parecer tedioso y en el pasado a mí también me daba esa impresión, pero nada más lejos de la realidad, cuando me independicé y dejé el gran hotel “Casa de mis padres”, comencé a implicarme en todo lo que conlleva a mi alimentación y la verdad, es que hoy puedo decir que lo disfruto. En cuestión de ocho años, he pasado de saber bastante poco, a controlar precios, establecimientos, etiquetas, alimentos de temporada, etc… Como una madre o padre de familia corriente vamos, pero eso me enorgullece y sobre todo reporta bienestar a los míos e individualmente a mí.  

Voy a contarte unos trucos básicos que quizás ya conozcas para facilitarte la tarea de organizarte mejor. En casa nos planificamos haciendo varias comidas en un mismo rato (generalmente verdura, pasta o arroz integral), son platos destinados a tener comida para los días de la semana en los que vamos apurados y que alivia el tenerlos ya preparados. Esto te puede ayudar a rellenar el plato de Harvard del que hablábamos en la primera parte y sus recomendaciones con mayor facilidad. Otro truquillo que te puede servir, es el de tener unos cuantos productos envasados que están preparados para su consumo y que, a la vez, son saludables, entre ellas destaco, las legumbres envasadas, las latas de conservas y las verduras hervidas. 

Por otro lado, recomiendo que te plantees tres cuestiones ¿Qué alimentos, cuanta ración y con qué frecuencia? A la primera pregunta ya te contesté en la primera parte del artículo, sobre lo qué nos aconsejan los expertos alimentarnos en el plato de Harvard. Para la segunda y tercera, te detallo a continuación: 

Guía de porciones de alimentos diarios 

Verduras y hortalizas; de 150gr a 200gr. Indicarte mínimo dos diarias. 

Frutas; de 120gr a 200gr. Mínimo tres diarias. 

Lácteos; leche; de 200ml a 250ml. Yogurt; 125gr. Queso fresco; 70gr. Se aconseja de 2 a 4 porciones al día. 

Cereales y tubérculos; pan; de 40gr a 60gr. Pasta y arroz; de 60gr a 80gr en crudo. Patatas, batatas o boniatos; de 150gr a 200gr. Se recomiendan de 4 a 6 diarias. 

Grasas; Aceite de oliva virgen extra (AOVE); de 10ml; Guacamole; de 20-30gr. Chocolate negro (por encima del 75% de chocolate); 15gr a 20gr. Se recomiendan 4 diarias como máximo. 

Guía de porciones de alimentos semanales 

Legumbres; de 60gr a 80gr en crudo. Es aconsejable comerlas de 2 a 4 veces a la semana. 

Pescados y mariscos; de 125gr a 150gr. Se recomiendan de 3 a 4 a la semana. 

Carnes magras y aves; de 100gr a 125gr. Se establece de 3 a 4 por semana. 

Huevos; de 53gr a 63gr (talla mediana). De 3 a 4 huevos semanales. 

Frutos secos; de 20gr a 30gr porciones en crudo o tostados. Aconsejado de 3 a 7 días por semana. 

*Es importante señalar, que las recomendaciones son para la población en general, sin valorar casos específicos, intolerancias o alergias. 

Antes de terminar, voy a explicarte que la palatabilidad es el placer que experimentamos al ingerir un alimento. Es cierto que si estás acostumbrado a productos que estimulan al gusto para que sigas comiendo, y comienzas a hacerlo más saludablemente, te resultará difícil disfrutar y echarás de menos esa falta de intensidad de azúcar o sal. Pero realmente el sabor es otra cosa y te aconsejo que utilices técnicas de cocinado y especias para mejorar el sabor de una comida. Debes ser consciente de que con un poco de paciencia vas a poder disfrutar de los distintos tipos de sabores y apreciarlos más.  

Como conclusión, me gustaría haberte llevado al quid de la cuestión de los hábitos saludables. Empezaba este segundo artículo de alimentación con el origen etimológico de la palabra dieta, y quizá no sea casualidad la idea del culto al cuerpo de la época clásica.  El objetivo no es cambiar tu alimentación por un tiempo determinado (si no es por una causa específica), la finalidad es que dirijas tu vida hacia un equilibrio saludable de alimentación, de ejercicio y de mentalidad. No existen atajos, mi intención es la de establecerte un marco que debes personalizar en base a tus gustos y preferencias, sobre todo, disfruta de tu vida de una manera saludable, responsable y sostenible. 

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