Seguro que en algún momento te has planteado empezar algo nuevo, en tu cabeza lo has visualizado y has creído que eso podría suceder, pero no nunca has terminado de dar el paso. Cito varios ejemplos típicos; irte a otro país a vivir, huir de todo a una zona rural, comenzar aquellos estudios que te han llamado siempre, aprender otro idioma, realizar una práctica deportiva concreta, etc… 

Estos objetivos no son tan difíciles de cumplir, están ahí, forman parte de ti, pero el miedo, las responsabilidades, las obligaciones y el apego a ciertas cosas, no te dejan ir más allá. Estás esperando a que llegue la oportunidad idónea para dar el paso. Soñar con que te toca una lotería como a la mayoría de los mortales, tener más tiempo en un mundo que va a toda velocidad, que te aumenten el sueldo donde desde hace años baja más que sube, que tus hijos se independicen con tan solo treinta años, jubilarte joven a eso de los setenta, etc… He sido un poco irónico, pero son algunas de las excusas que todos ponemos. Es cierto que tomar determinadas decisiones hoy en día no es sencillo, pero si realmente el objetivo que te planteas es realista y lo deseas de verdad, atreverte a dar el paso para bien o para mal, va a provocar inevitablemente que se abran o se cierren puertas que van a desarrollarte como persona y te van a alejar del estancamiento. Lo lamentable es no tener tiempo, mirar hacia atrás y arrepentirte de no haber dado un paso u otro.  

¿Sabías que uno de los mayores secretos de las personas exitosas, es la acción? Si, vaya cosa, ¿eh? Te he descubierto el fuego…. Me encantan las biografías de personajes conocidos y no tan conocidos y se repite una situación en la mayoría de ellos que alcanzaron cierta relevancia, los que realmente eran virtuosos y destacaban por sus capacidades son los que menos, generalmente eran individuos normales que no se han cansado de intentar hacer lo que querían en su vida, trabajadores constantes que les ha importado un pimiento lo que dijeran de ellos. 

Voy a explicarte cómo funciona el cerebro humano a la hora de adquirir un hábito, para prevenirte y hacerte más sencillo el proceso, evitándote caer en trampas habituales. Cuando tocas fondo, necesitas un cambio o simplemente estás motivado para llevarlo a cabo, (sea la razón que sea) intentas priorizar la nueva elección a la rutina de vida que llevas. Claro, cuando haces esto y desaparece el impulso inicial, mantenerlo se hace más difícil. ¡Ojo! No digo que sea imposible, si no, que tienes menos posibilidades de convertir en rutina el nuevo hábito. Es decir, pretendes cambiarlo todo por un nuevo objetivo, ahora bien, vamos sabiendo que lo lógico y lo coherente, es modificar los hábitos y rutinas ya adquiridos, al nuevo objetivo. Más resumido, ve poco a poco, aprovecha o modifica las costumbres que ya tienes. 

PASO 1; LA SEÑAL 

Si te paras a pensar un momento, todo las actividades y tareas que realizas durante el día se suceden de un momento a otro tras una señal. Esta señal puede ser acústica, sonora o visual, y viene a decir que tienes que hacer aquello que toque en ese debido instante. Siempre ha sido así, nuestro cerebro funciona de esta manera tan estructurada. Puedes, por lo tanto, utilizarlo en tu beneficio ¿cómo? Vamos a ello.  

Párate a analizar lo que haces y reflexiona en las señales que acompañan a tus rutinas en el día a día, después piensa como puedes incorporar la nueva tarea que va ligada a tu objetivo. ¿Por la mañana te pones en marcha tras la alarma del despertador, el café, la ducha o el desayuno? A fin de cuentas, todo es una señal y después de la señal, llega la acción. 

PASO 2; LA ACCIÓN 

Es el momento de pasar a hacer lo que tienes en mente. Si pretendes conseguir alcanzar un nuevo hábito, no pienses, no te recrees, no te juzgues, solo hazlo. Si das fuerza a esos pensamientos que van en sentido opuesto, habrá algún día en que te puedan vencer. Estas ideas tienen su sentido evolutivo, y te están estimulando en el caso de no afrontar lo propuesto, pero en la actualidad lo que te aportan es frustración y ponen en riesgo tus objetivos. Me permito darte un consejo, cuando te plantees dejar, modificar o continuar con un propósito, que sea meditado calculadamente, con razones obvias y obligadas que evidencien esa posición, nunca decidas en caliente y menos por pereza, no alimentes a ese monstruo interior. Puedo afirmar que al mío lo tengo adormilado y cada vez le doy menos poder. 

Es vital que comprendas que el hábito de la acción te lleva a la consecución de tus objetivos. Te diré una cosa esencial: no eres especial; habrá días que no estés motivado y en mi opinión, son los que más acaban beneficiándote, ya que la recompensa personal (intrínseca) es mucho mayor. ¿No te ha pasado que un día haces algo “a priori” sin ganas y te sienta mejor de lo que esperabas? Bien, continuamos…. 

PASO 3; LA RECOMPENSA  

Llegados a este punto, debes saber que hay dos tipos de recompensa:  

La intrínseca; que viene de aquello positivo que te dices y que sientes para alcanzar esa meta. Te hace sentir realizado en ese aspecto y te aporta autoestima. Puede venirte a modo de pensamiento involuntario o porque haces una reflexión voluntaria y valoras el bien personal que te reporta. 

La extrínseca; la generas de manera voluntaria como motivación y la implantas para ayudarte a adquirir ese hábito. Un ejemplo es el permitirte un lujo tras terminar la actividad (por el trabajo bien hecho), cómo tomarte un tiempo de relax, comer una onza de chocolate o leer el libro que tanto te gusta. 

¿CUÁNTO TIEMPO VOY A TARDAR EN ALCANZAR EL HÁBITO? 

Quizás estés pensando en que la cifra es concretamente 21 días, como aquel famoso programa de tv, pero es sabido que no es tan sencillo. Esta cifra viene dada por un artículo llamado “El hábito” escrito por el psicólogo William James en 1887, en el que proponía esta teoría. En el año 1960 el cirujano Maxwell Matz publicó “Psico-cibernética”, en él se propone que se necesita un mínimo de 21 días consecutivos de práctica de cada nuevo hábito que se desea conseguir, para que se pueda efectuar un cambio perceptible en la persona. También se asocia con el tiempo en el que tardan las células madre en dividirse en nuevas neuronas o con los ciclos biológicos emocionales de las personas. Bajo mi punto de vista 21 días es tan sólo un número que no podemos otorgar individualmente a nadie. Cada persona tiene sus peculiaridades, cultura, patologías, edad, sexo, aspectos ambientales que la determinan, etc… Además, tienes que tener en cuenta que no es lo mismo implantar el hábito de ducharte, al de leer, o al de alimentarse mejor, o al de realizar ejercicio. Aunque el hábito sea el hábito, la complejidad en el mismo no requiere lo mismo en cada caso. 

En referencia a la actividad física y el deporte, actúa de manera progresiva. Si eres una persona sedentaria o lo que es igual, andas menos de 5 km al día, comienza acostumbrándote a tener más movilidad, no cojas ascensores, no busques atajos y anda más, encuentra un hueco para quedar con un amigo o conocido a andar, si eres de los que tiene un trabajo en el cual no cambias de postura muévete cada hora al menos 5 minutos, en casa habla por teléfono y al hacerlo, tan solo anda o realiza otra tarea, en definitiva, encuentra estrategias para aumentar tu actividad, la salud es lo primero y debes implicarte. En la actualidad están de moda las pulseras, relojes o aplicaciones para el móvil que miden tu actividad, si consideras que perteneces a este grupo te propongo un reto. Mide todo el movimiento que haces en un día normal, al día siguiente proponte sumar alguna estrategia de actividad durante el día, graba todo lo que hagas y compáralo. Seguro que te sorprendes y sacas conclusiones positivas. 

Si eres una persona que tienes una actividad regular de unos 10km o más al día, puedes mejorar tus capacidades físicas con ejercicio físico y deporte, en función de tus objetivos y lo que busques (lee mi artículo “quien siembra sinceridad, cosecha confianza”). 

Te podrás preguntar ¿qué hay de malo en hacer ejercicio o alguna práctica deportiva, aunque no tenga una buena actividad diaria? En realidad, no hay nada de malo en ello, de hecho, es mejor que no hacer nada, pero te planteo esta cuestión ¿hay lógica en matarse durante un rato en el gimnasio o jugando al pádel, mientras el resto del día te mueves menos que la rodilla de un playmobil? Evidentemente no, adquirir hábitos coherentes y saludables va de esto. Ya nos vamos conociendo…. 

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