Que el ejercicio tiene múltiples beneficios es sabido por todos, lo que no parece saber mucha gente es que es una vía de acceso a la felicidad. Si, eso es lo que pienso y no, no exagero. Es una de las claves de las personas que se sienten realizadas y me baso en mi experiencia analizando hábitos y en que una vida completa y saludable, al menos un rinconcito (bien organizado y estructurado) se lo debes entregar a ejercitar y cuidar tu cuerpo, si no, no te engañes, no te querrás demasiado. 

Mi visión para mejorar y alcanzar tu mejor versión, es más holística ¿Eso que quiere decir? Pues que el cambio no está solo en realizar ejercicio y actividad física, si no, en utilizarlo como la base del cambio, pero para ello debes modificar hábitos, entornos, pensamientos, alimentación y conocimientos, y es en eso en lo que quiero ayudarte. 

Una de las cosas que debes tener claras es que el ejercicio y la actividad diaria, las puedes utilizar de muchas maneras. Me refiero a que se utiliza en diferentes sentidos y es una excelente herramienta en un proceso de cambio. Aunque el ejercicio lo puedes realizar a cualquier hora, soy un gran defensor del movimiento nada más levantarte, eso te hace estar mucho más activo, concentrado, atento y, por ende, funcionar mejor ante los quehaceres diarios. Es un excelente método para sentirte mejor contigo mismo y, por lo tanto, aumentar la autoestima y mejorar el ánimo. Tras la actividad realizada, el cuerpo de manera automática te proporciona un estado de calma y por ello es también muy útil en procesos de estrés, ansiedad, deshabituación de sustancias, etc…. Si consigues ser una persona proactiva, esto repercute positivamente en tu descanso. En el día a día, te cansas menos, te sientes menos fatigado y con más ganas de hacer cosas, huyendo de la pereza y del sedentarismo, evitando también el sobrepeso y la obesidad. Con un programa adecuado puedes incluso moldear tu cuerpo y gustarte un poco más. Pero por encima de todo, ganas en salud desde el primer minuto, no olvides que somos seres diseñados para movernos y muchas de las enfermedades actuales se asocian al poco movimiento que realizamos. ¿Quieres más motivos? Pues seguro que los hay. 

Desde el punto de vista social, el ejercicio se puede utilizar para introducirte en un ambiente sano, en el que disfrutar de la actividad o el ejercicio que a ti te guste con otras personas. Si te encuentras en un momento de cambio o simplemente no tienes un entorno de amistades amplio, la práctica deportiva te puede ayudar en este aspecto de manera muy positiva. Soy consciente de que en muchas ocasiones puede darte vergüenza evidenciar que tienes una preparación de Koala, de enseñar las lorzas trabajadas durante años o incluso la coordinación de robot que has adquirido realizando “caming” o “sofing”, pero el simple hecho de dar el paso, salir de tu zona de confort y enfrentarte a ello, tendrá muchos beneficios. Admítelo no eres perfecto y hazme caso, la persona que está al lado, se encuentra en la misma situación, no piensa en todo ello y te valora por estar allí, ósea que quítate las cadenas, enfréntate a los miedos y ríete de ti mismo, es muy liberador.  

Tener amistades que te hagan planes saludables en plena naturaleza, para ir al gym o para practicar ese deporte que te gusta, es algo que de manera involuntaria te hace mucho bien. Socializas, te mueves y te diviertes, ¿no te parece un buen pack? Uno de los puntos a los que le doy mayor importancia, es al cuidado de los entornos. Si te pones a pensar un segundo, tenemos marcos sociales que reflejan el estilo de vida que llevamos, es decir, si tienes una familia estructurada que te apoya y valora, un círculo de amistades sanas, positivas y activas, el ambiente en el que vives te beneficia, las relaciones formales e informales en el trabajo son constructivas y enriquecedoras, tendrás un colchón en el que apoyarte en caso de pasar por un mal momento o necesitar su ayuda. Es aquí, donde los lazos sociales a través del ejercicio y la actividad física cobran mucho sentido, así que, mi consejo es que le des la importancia que se merece. 

Eso no es todo, en el aspecto mental ejercitarse de manera habitual, te proporciona autoestima y seguridad en ti mismo. Mandar de manera involuntaria el mensaje al cuerpo de que te cuidas y te implicas en tu salud, te reporta bienestar y pensamientos positivos hacia ti mismo. Si, por el contrario, tienes hábitos perjudiciales desde el punto de vista físico, el mensaje que le envías a tu subconsciente es el contrario. 

La ciencia se atreve a confirmar que una rutina habitual de ejercicio semanal, aporta múltiples beneficios a nivel neuronal. Tiene efectos inmediatos en el cerebro debido a que aumentas los niveles de los neurotransmisores; como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina. Por lo tanto, mejora el estado de ánimo de forma inmediata. Parece que a largo plazo también conlleva beneficios, el ejercicio crea modificaciones en distintas áreas del cerebro, como en el hipocampo, corteza prefrontal o el ganglio basal entre otros, produciendo nuevas neuronas, mejorando la memoria a largo plazo, la atención y concentración, y tu movilidad. En consecuencia, fortaleces tu cerebro combatiendo las enfermedades neurodegenerativas en una sociedad tan longeva como la actual. Así que, permíteme un consejo si quieres cuidar también tu cerebro ¡Sal del modo bicho bola y muévete!

En definitiva, lo que quiero reflejar es que, si quieres cuidar tu salud debes mantener un equilibrio físico, social y mental, y uno de los apartados que te ayudan (no el único) es sin duda la práctica de actividad y ejercicio de manera regular. Busca aquello que te reporte bienestar, hay tantas opciones que solo tienes que elegir la opción que vaya más contigo.  

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